lunes, 5 de febrero de 2007

De marcha por Chengdú

La verdad es que no se ni por donde empezar a contaros. Lo primero que os puedo decir es que olvidéis todo lo que creéis que sabéis sobre los chinos porque muy probablemente os estéis equivocando. La noche en Chengdú no es muy distinta de como lo pueda ser en Barcelona, aquí saben divertirse como los que más y una muestra de ello son las fotos que os muestro hoy.

El sábado, Saya, Chi Hei, Ruth y yo después de tomar unas cervezas en un bar bastante tranquilo decidimos ir en busca de bailoteo. Nos habían contado de una calle donde por lo visto había muchas discotecas y nos dispusimos a llegar hasta allí, cogimos un taxi y el taxista rápidamente interpretó lo que le estábamos diciendo. En menos de cinco minutos ya estábamos allí, la calle de la diversión nocturna de Chengdú. Muchos coches y discotecas por todas partes llenas de gente. Entramos primero en una que nos pareció que estaba muy bien pero una vez dentro vimos que había demasiado humo y la música estaba tremendamente alta, decidimos probar en otro lugar. La verdad es que no sabíamos muy bien donde íbamos, simplemente buscábamos un lugar donde beber unas cervezas tranquilamente y bailar, finalmente lo conseguimos todo menos lo de "tranquilamente". Si paseando por el Carrefour ya somos el centro de atención que os voy a contar dentro de una discoteca, y si encima es de ambiente como resultó ser esta todavía más, o que os pensábais ¿qué en China no había gays?
La discoteca estaba llena de unas mesitas altas con taburetes que a decir verdad dificultaba el poder bailar cómodamente pero por lo visto aquí son todas así, o almenos todas las que hemos visto, que tampoco son muchas. Detrás del DJ, había un escenario donde se sucedian diferentes números, bailes, cantantes. Al otro lado la barra tampoco se quedaba corta pues no solo se dedicaban a poner copas sino que también participaban del show, en la primera foto podéis ver al barman en sujetador haciendo malabares con botellas, no se aprecia pero el sujetador lleva dos bengalas. Pero el número fuerte estaba por venir. Al escenario se subió una bailarina que resultó ser un travesti, estuvo bailando un rato hasta que decidió bajar al público, y como no, me tuvo que tocar a mi el premio gordo (va sin segundas). En las fotos podéis ver lo que pasó, si no llego a andar con ojo me lee hasta el libro de família, vamos que si no lo paro a tiempo me quedo en pelotas en medio de la discoteca. La verdad es que me divertí mucho, y por lo visto Ruth también.




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